domingo, 31 de agosto de 2008

Frivolidades


El otro día, por casualidad, escuché hablar de los niveles de satisfacción. Me saltaré toda esa historia del hombre que al ver cubiertas sus necesidades vitales avanza para cubrir las emocionales, las materiales…

Hablaré entonces de la satisfacción que sentimos al comprar, por ejemplo, un reproductor mp3 (o mp4 o ipod) nuevo. Lo vemos en su cajita nueva, le quitamos el plástico ese transparente que nos pone de los nervios, abrimos la caja, cogemos el aparato lo vemos, lo tocamos y… nos sentimos orgullosos de poseerlo.

En esto, creo yo, se basan los diseñadores; en los niveles de satisfacción que vayan a generar en los consumidores. No hay nada más acertado que conseguir transmitir una sensación de placer a los compradores ya sea por hacer que se sientan poderosos, inteligentes, ricos o cultos.

La satisfacción alcanzada con un producto variará con el nivel económico del comprador, con su nivel social y cultural y también con el esfuerzo que le haya supuesto la adquisición del objeto deseo. Como ejemplo, recordemos que cuando éramos niños una bolsa de gominolas podía suponer un nivel de satisfacción enorme y ahora pues aunque es satisfacción… no es lo mismo.

Los compradores sufrimos una especie de adicción al consumo por intentar sentirnos cada vez más “satisfechos”, por buscar el placer instantáneo que nos proporcionan unos zapatos nuevos, por cubrir carencias a través de la autoafirmación dada por los objetos, por sentirnos aceptados dentro de la sociedad, dentro de nuestra tribu.

Para terminar una pequeña referencia a Dostoievski:

“¿Qué puede esperarse de un hombre? Cólmelo usted de todos los bienes de la tierra sumérjalo en la felicidad hasta el cuello, hasta encima de su cabeza de forma que a la superficie de su dicha, como en el nivel del agua, suban las burbujas, déle unos ingresos que no tenga más que dormir, ingerir pasteles y mirar por la permanencia de la especie humana; a pesar de todo ese hombre por puro desagradecido, por simple descaro, le jugará a usted una mala pasada. A lo mejor comprometerá los mismos pasteles y llegará a desear que le sobrevenga el mal más disparatado (... ) Justamente, sus ideas fantásticas, su estupidez trivial, es lo que querrá conservar…”

jueves, 1 de mayo de 2008

Elegy

Sofá cuadrilátero (Estudio Alchimia)

Como antítesis de la geometría de la Bauhaus y como revulsivo a la racionalización y al aburrimiento en el diseño aparece el estudio Alchimia en el Milán de los 80, se ríen de la rigidez de los principios alemanes y proponen impulsar lo artístico. La belleza es también una necesidad en los objetos cotidianos.

La semana pasada escuché en el cine una frase que creo que era más o menos así: “Las mujeres guapas son invisibles”. La frase se refería a que cuando una mujer es guapa es más fácil quedarse en la superficie y no llegar a conocerla; si nos gusta el envoltorio estamos tan entretenidos que tardamos mucho en conocer lo que esa persona es en realidad.

Si ampliamos esta idea al mundo del diseño el significado también se cumple. Cuando observamos un sofá con formas redondeadas y aspecto acolchado decidimos por la vista que es cómodo hasta tal punto que aunque no cumpla con los criterios de la ergonomía (adaptación del producto al hombre) tardaremos también en percatarnos de que en realidad el sofá no era cómodo como pensábamos, entonces diremos; “joe, me quedé dormido en el sofá y tengo un dolor de espalda…” (El sofá no se debe utilizar para dormir).

Y así con esta idea de engañar desde la superficie nos engañan los diseñadores, compramos bolígrafos inútiles para escribir más de tres líneas, teteras que vierten por fuera de la taza, abre fáciles que no son tan fáciles y sofás incómodos, por ejemplo.

Intentando evitar este tipo de situaciones se apela al funcionalismo como única vía de belleza en los objetos, ¿pero a caso no se come también por los ojos?

jueves, 10 de abril de 2008

El abc


See how many a pretty thing
I always from the cube can bring:
Chair and sofa, bench and table,
Desk to write at when I’m able,
All the household furniture,
Even baby’s bed I’m sure;
Not a few such things I see;
Stove and sideboard here can be.
Many things, both old and new,
My dear cube brings into view;
So my cube much pleases me,
Because through is so much I see,
It is a little world. (Downs 16)


Este es un poema que he recogido de un libro que trata de la bauhaus y la teoría del diseño. En el se habla de crear una especie de alfabeto que sirva de base para un lenguaje gráfico que estuviese basado en la intuición y no en la cultura como el lenguaje común (la palabra caballo recibe su significado por la tradición cultural y no por la palabra en sí). Para que se entienda mejor, en el lenguaje gráfico la palabra caballo tendría un significado más próximo a cebolla o cabello que a asno o mula.

Para crear ese lenguaje empieza a rayar con temas del psicoanálisis y las impresiones que causan las imágenes sin condicionantes culturales… Como bien se ha comentado “La percepción de lo que cada persona entiende por “arte” viene determinada por su entorno, sus experiencias personales, su nivel de vida, y un sinfín de condicionantes, donde tristemente lo que mas influye es la opinión de los notables (los tipos listos)” por tanto concluyo con lo difícil que sería establecer un lenguaje universal en este sentido.

Relacionado con el cubo del poema; estamos hartos de ver mesas cuadradas, sillas cuadradas, sillones que son cubos, armarios por módulos que son cubos, electrodomésticos que son cubos, incluso habitaciones donde el mobiliario forma un conjunto en el que parece que todas las piezas son cubos que acaban de encajar… ¿estamos faltos de ideas y por eso se recurre a la utilización de formas cúbicas? O por el contrario ¿reconocemos que las formas sencillas son más estéticas?

domingo, 6 de abril de 2008

“Los Dones y Ocupaciones”

“Froebel proporciona lo básico a los niños: esferas, cubos y formas interrelacionadas. Todo niño hace una pelota la primera vez que tiene un material maleable en las manos…” Helene Nonne-Schmidt

Si hay algo de lo que nos olvidamos de nuestra infancia en la guardería es de los puntitos que debíamos unir para formar palitos derechos y del punzón. Ahora con unos añitos más nos preguntamos ¿cómo dejaban en nuestras manos un instrumento tan peligroso?...

De pequeños todos en mayor o menor medida llevábamos un creador dentro, pasábamos unas cinco horas diarias más o menos rodeados de formas geométricas exactas, lápices, pinturas y plastilina, parecía que nuestro único deber era el de artistas a los seis años. ¿Y qué pasó después? Supongamos que a la tierna edad de once años aparece el primer genio pintor de la case, sí, ese que de repente te dibujaba a la profesora cómo si de una persona real se tratase, era capaz de dibujar unos ojos reales, una boca real, unas orejas perfectas… tanto que reconocías de quién se trataba. A partir de ahí comienza la selección natural: sólo aquellos capaces de ser realistas en sus dibujos seguirán pintando y los demás…¿los demás qué? Los demás por culpa de la frustración que suponen las comparaciones abandonarán las artes para dedicarse a estudiarlas, razonarlas, subestimarlas, sobreestimarlas o ignorarlas.

Los kindergarten proponían una manera de “adoctrinar” a los niños desde los dos meses hasta los seis años para que en un futuro fuesen dignos portadores de cultura. ¿Pero no condicionaría eso enormemente a sus creaciones futuras? ¿Su desarrollo artístico no estaría tremendamente influido por sus recuerdos de la infancia y esto les impediría avanzar en nuevos campos? ¿o el hecho de tener unos conocimientos previos establecidos les hará tener ese camino avanzado y llegar a nuevos puntos? La realidad es que algunos hombres como Vassily Kandinsky y Le Courbusier fueron educados con los métodos Froebel de los kindergarten así que…opinen.

domingo, 23 de marzo de 2008

Cypemetal

Fábrica de turbinas de la AEG de Berlín, Peter Behrens (1909)


Fabrica de Fagus de Walter Gropius y Adolf Meyer (1911)

En algunos casos, la mayoría, se podría pensar que el estudio de estructuras, materiales e instalaciones, es decir, ser ingeniero o casi ingeniero industrial facilita el verse capacitado para desarrollar un proyecto como el de construir una simple (¿simple?) nave industrial.

Pues bien, después de superar con mis compañeros de clase la asignatura de proyectos (consiste en eso, en proyectar una fábrica) quedó demostrado que después de cuatro (o cinco) años de estudio de matemáticas, física, cálculo de estructuras, mecánica… la capacidad de “crear” es nula. Quizás la destrucción de lo artístico se deba a la presión de tener seis asignaturas para junio, o quizás sea por los días de diez horas de clase, o quizás porque simplemente creímos que las naves industriales no eran más que eso, naves industriales.

Si ya Walter Gropius lo sabía “¡Todos debemos volver a los oficios! Pues no hay tal "arte profesional". No hay una diferencia básica entre el artista y el artesano.” Y si él se refería a arquitectos, pintores y escultores, yo me quiero referir a todos aquellos que estudian (estudiamos) diseño industrial para que no acabe todo en los tornillos (diseñados con el Solidworks eso sí) y se vaya un poco más allá pues “El artista es un artesano exaltado…” .

En fin, que la nave sí quedo hecha, rectangular, con sus pórticos metálicos… así casi tan bien pensada como las de Behrens en las que la función del edificio respondía al espíritu de la época. Simplemente no tuvimos en cuenta que ya han pasado casi 100 años desde aquello y que el espíritu de nuestra época viene marcado por el corporativismo y que ya en los años 20 ya hubo quien unificó la cultura con la civilización y lo denominó “Kunstwollen” arte como intención.